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Full text of "Cotidiano Mujer 1986; año 1, no. 12"

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Año II N" 12 


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E N agosto se cumplió nuestro primer 
aniversario, y decidimos festejarlo 
trabajando, debatiendo con las 
mujeres periodistas y con los grupos de 
mujeres. Es asi que organizamos este En¬ 
cuentro los días 29 y 30 de agosto en el Ins¬ 
tituto Italiano de Cultura. 


El 29 fue sobre todo para encontrarnos y 
festejar entre mujeres algo que para noso¬ 
tras era importante. 

El sábado de mañana, comenzamos a 
trabajar. Debatimos la ponencia presenta¬ 
da por Cotidiano Mujer: aporte a una ela¬ 
boración cultural desde un punto de vista 
de mujer. 

De tarde nos dividimos en dos talleres: 
comunicación alternativa y prensa “gran¬ 
de”, radio. TV. 

Las dos grandes interrogantes fueron: 

— ¿Existe un aporte específico de la 
mqjer en la producción cultural? 

— ¿Qué significa hablar o escribir como 
moeres? 

En ambos talleres las respuestas mos¬ 
traron matices, tanto en el grado de elabo¬ 
ración del tema en sí, como en el enfoque 
para abordar una temática tan vasta y tan 
profunda como es la reformulación de la 
expresión cultural. En ambos se visualizó 
el que para que los grupos de mujeres crez¬ 
can y se multipliquen es imprescindible 
una profundización del marco teórico. Se 
discutió la necesidad de abordar coordina¬ 
damente, dentro de una unidad real, el 
trabajo futuro para tratar el tema de la 
condición de la mujer en nuestro país. 


Taller de prensa, radio y TV 


Se coincidió en señalar que también 
desde estos medios de comunicación existe 
un espacio de la comunicación alternativa 
desde el punto de vista del contenido. 

— Se propuso realizar un estudio a nivel 


Guarderías 
¿una especulación 
de necesidades? 


E L 1° de agosto se inauguró la 
guardería de Casavalle: quisimos 
conocerla. Para llegar a esa zona 
de construcciones municipales, tuvimos 
que pasar por un basural muy extendido. 
Impactaban las casas (ranchos de cartón 
y lata) en el medio del mismo. 

Cuando llegamos al barrio rápidamen¬ 
te encontramos la guardería. Las mujeres 
que allí trabajan nos recibieron y nos 
juntamos a conversar. Se las veía conten¬ 
tas porque luego de varios meses de tra¬ 
bajar, la guardería hoy es una realidad: 
35 niños van gratuitamente todo el día. 

Esta guardería forma parte de un pro¬ 
yecto con fondos UNICEF, que la Inten¬ 
dencia de Montevideo administra. 

En este caso (son cinco las que incluye 
este proyecto) la Intendencia les dio el 
local, el material necesario para su insta¬ 
lación, reciben diariamente alimentos y 
dos salarios mínimos para dos mujeres 
que realizaron un curso de formación 
(seis semanas) para hacerse cargo de los 
niños y un medio salario mínimo para la 
cocinera. 

Pero cuando allí estábamos eran más 
las mujeres, en realidad la cocinera tiene 
una madre que ayuda voluntariamente y 
hay otra madre que tiene que ir todos los 
días a buscar los alimentos que no lle¬ 
gan por camión. 

No sólo ellas, sino que una sicóloga y 
una asistente social trabajan —también 
sin sueldo— apoyando la labor de las 
mujeres del barrio. 

Todo esto, más las dificultades sociales 
que existen, más el mantenimiento de la 
guardería, más el esfuerzo de buscar do¬ 
naciones para cubrir los rubros que la In¬ 
tendencia no abarca, supone una intensa 


Encuentro de periodistas y grupos de mujeres 

Mujer y medios 
de comunicación 



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nacional que evidencie los intereses reales 
de las mujeres para que su condición fe¬ 
menina sea estudiada y cambiada. 

— Investigar sobre las preferencias de 
las mujeres en materia de medios de co¬ 
municación, información, entretenimien¬ 
tos, etc. 

— Elegir un tema, previamente coordi¬ 
nado entre mujeres periodistas y grupos de 


mujeres para promoverlo en los medios de 
comunicación y en las actividades de los 
grupos. 

— Desarrollaren los espacios destina¬ 
dos en los medios de comunicación a la 
cultura (páginas de teatro, cine, literatura, 
arte),una critica hecha desde la óptica de 
la condición de la mujer. 

— Hacer uso del derecho a la respuesta 


critica, incentivando una forma colectiva 
de hacerlo. 

— Apoyar la labor de Cotidiano Mujer y 
utilizar ese espacio para escribir, inter¬ 
cambiar y promocionar la acción de los 
grupos de mujeres. 

Taller de comunicación alternativa 

Se llegó a la conclusión de que todas las 
propuestas manejadas parten de la nece¬ 
sidad de crear instancias de discusión y de 
coordinación entre mujeres, que suminis¬ 
tren el contenido .para una elaboración 
realmente colectiva de la condición de la 
mujer. 

— Se coincidió en la importancia de do¬ 
cumentar la propia experiencia para enri¬ 
quecer la memoria colectiva de la mujer. 
Para ello se vio la necesidad de coordinar 
el manejo colectivo de documentos y datos. 

-- Incorporar a la prensa alternativa 
(así como a los espacios de la mujer en 
toda la prensa) una crítica sistemática 
frente a los mensajes que tiendan a refor¬ 
zar la actual condición de opresión de la 
mujer. 

— Instrumentar una nueva forma de 
mirar y de leer desde una óptica femenina. 

— Organizar un ciclo de películas de 
mujeres y actividades en torno al ciclo que 
ejerciten la crítica cinematográfica desde 
una nueva óptica. 

— Crear audiosivuales como medio al¬ 
ternativo para que la mujer participe en la 
creación de su propia imagen, incluyendo 
el aprendizaje de la técnica apropiada. 

Los diagnóstico sobre la situación de la 
imagen femenina en los medios de comu¬ 
nicación están hechos: las propuestas para 
cambiar esa imagen, enunciadas a partir 
de una coincidencia casi absoluta; ahora 
nos abocamos-a la tarea concreta: Hacer. 
Ya empezamos. 


Complejo Habitacional América 

Una policlínica para todos 



actividad de madres y mujeres para la 
continuidad de esta iniciativa. 

Sobre los contenidos del proyecto apo¬ 
yado por UNICEF. nada saben, sobre los 
fondos disponibles, sobre las razones por 
las cuales las características planteadas 
por los responsables de la Intendencia 
fueron variando en el tiempo, sobre el he¬ 
cho de que las cinco guarderías progra¬ 
madas tengan diferencias (sueldos plan¬ 
teados, etc.), sobre todo esto, poco y nada 
saben. 

Así como tienen dudas sobre el futuro- 
en principio dentro de un año pasarían a 
estar bajo el control del Consejo del Niño 
¿qué sucederá con las madres que hoy re¬ 
ciben un sueldo por su trabajo? 

Y nosotras nos preguntamos sobre la 
calidad y la forma de cubrir una necesi¬ 
dad como es la de las guarderías. Sabe¬ 
mos de la existencia de maestros desocu¬ 
pados a quienes no se ha querido tener en 
cuenta en este proyecto, sabemos de sicó¬ 
logos y asistentes sociales en la misma si¬ 
tuación, la opción ha sido otra. 

Dependerá por tanto de nosotras, de 
los distintos grupos de mujeres y de las 
organizaciones barriales el exigir que las 
guarderías cubran realmente las necesi¬ 
dades de los niños. Dependerá de todos 
que no se especule con nuestra necesidad 
y que seamos realmente partícipes en las 
soluciones de nuestros problemas. 


A L inicio no había nada. Se salió a 
los comercios de Colón a pedir. 
Todo lo conseguido fue donado 
por los comerciantes o por los vecinos, ca¬ 
da cual traía el material que podía conse¬ 
guir”, nos dice Beatriz López, entusiasta 
doctora, que junto con Laura Etcheveste, 
conformaron el plantel médico en los ini¬ 
cios de la policlínica, en julio del 85. 

“Menos un practicante, éramos todas 
mujeres: tres enfermeras, una administra¬ 
tiva, dos auxiliares; ya hoy, a un año, el 
cuerpo médico se incrementó con seis pro¬ 
fesionales más, dada la demanda y la ne¬ 
cesidad del servicio en la zona”. 

Que la gran mayoría de los montevidea¬ 
nos no cuenta con sociedad médica ya no 
es un secreto para nadie. Cuando se “con¬ 
vive” en un barrio como el que conforma 
el Complejo, en el cual se censan más de 
2.000 niños, no ser partícipe y receptivo a 
las necesidades del prójimo equivale a ser 
sordo y ciego. Por lo tanto, a raíz de los 
múltiples problemas que acaecían a diario, 
debido a la carencia de un centro asistencial 
la Comisión Administradora del Complejo 
convocó a los vecinos que estuvieran dis¬ 
puestos a formar lo que en principio pare¬ 
cía un sueño: atención rápida y próxima, 
sin necesidad de desplazamiento del pa¬ 
ciente; y por añadidura a un costo al al¬ 
cance de todos, N$ 80, mensuales. Esta 
cifra mínima otorgaría además la posibi¬ 
lidad de consulta entre las ocho y las vein¬ 
tidós horas; el llamado del médico a domi¬ 
cilio, la rebaja en el arancel de los análisis 
clínicos —debido a un convenio con un la¬ 
boratorio de la zona— y el derecho al tras¬ 
lado urgente en ambulancia por la módica 
suma de N$ 750. 


Por supuesto que a nadie extraña, en¬ 
tonces, que la nueva policlínica haya aten¬ 
dido en solo un año de existencia a 7.200 
pacientes, con un promedio de 600 por 
mes. 

Si a esto se agrega la real preocupación 
por la educación profiláctica que tienen 
sus integrantes, brindando charlas como la 
“prevención de accidentes en el hogar”. 

‘ parasitosis intestinal”, “profilaxis del 
cáncer de mama”, etc., para sólo citar al¬ 
gunas, no podemos dejar de reconocer que 
cuando se desea verdaderamente el bien 
común, no hay obstáculos que impidan el 
trabajo y menos, agregaría yo, cuando lo 
enfrentan mujeres conscientes de que el 
“Futuro mejor" se va creando en presente 
y entre todos. 

Ana Magnabosco 


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dencia Ciudad Vieja. 








Sr. Legislador: 

Hoy las mujeres salimos de nuestras casas, de nuestros trabajos, de nuestros 
uniros de estudios, algunas con nuestros hijos, todas, con una enorme carga de 
afectividad y ternura. > todas, unidas por la solidaridad con otras mujeres que 
como nosotras, parieron sus hijos, los vieron crecer, los educaron, v hoy los siguen 
buscando; la solidaridad con las mujeres torturadas, violadas, desaparecidas,y con 
todas las mujeres, que sufrieron las consecuencias de todo ese periodo de dolor 
y oscuridad. 

A ios dirigimos a Ud. con plena conciencia de la responsabilidad que debe 
asumir, y es por eso precisamente, que estamos aquí, compartiendo con Vd. ¡a 
esperanza de justicia que nos anima, y apelando a esa savia profundamente demo ■ 
erótica que nos ha legado el ideario artiguista. 

Venciendo las trabas que desde tiempos inmemoriales nos limitan, las 
muji ri s se ni irnos, la necesidad de opinar y de pronunciarnos en todos los temas de 
la vida nacional, y en particular en éste , Sr. Legislador, que tan unido esta a la vida 
v a futuro c ( nuestros hijos. Damos la vida y luchamos para que esa vida sea plena . 
por eso a garantía al respeto por los derechos humanos, nos es tan propia como 
lucha y como sensibilidad. 

POR LA VIDA y LA JUS7 /( IA es el tema que une a todas las mujeres aquí 
convocadas, porque lo que se debate en ese Parlamento, al que tanto hemos contri ■ 
nudo a reconquistar, lo que Ud. debe legislar, es la garantía de cada ciudadano, es 
la seguridad de todos, es nuestra garantía y nuestra seguridad. 

En la vida cotidiana, lo hablemos o no, esta presente el pasado reciente de 
C ° °! \ nilit ° c l ue nos logóla dictadura. En la vida cotidiana, esta presente una 
er íi( ( l ue ^ nos negado hasta ahora oficialmente. Mujeres como su madre , su 

esposa, su tija, mujeres tonto nosotras, salieron un tita de sus casas a buscar u su 
Hijo, a su esposo, a su hermano, peregrinando por ¡os cuarteles, enfrentando la 
prtpotencia y la desinformación. Se hicieron gigantes en esa búsqueda, y sin pro■ 





















ponérselo se convirtieron en el estandarte de la justicia y de la verdad. Mujeres 
como nosotras fueron torturadas, violadas, acosadas, y defendieron con uñas y 
dientes la dignidad pisoteada. Mujeres todas, que conocimos el miedo y la insegu¬ 
ridad durante años, y que inventamos, los mil gestos solidarios en nuestras casas, 
en la feria, en el barrio, con temor y audacia al mismo tiempo. 

Las puertas permanecieron cerradas, pero la voz de la denuncia se mantuvo 
viva, pasando de boca en boca, encontrándose con los corazones solidarios de 
nuestro pueblo, y con el aporte de miles de pequeños datos se fue armando lenta¬ 
mente la historia de una década sacudida por los más dolorosos y terribles críme¬ 
nes. Durante esos años, nos expresamos de mil maneras, con las cacerolas y sin 
ellas. Y sentíamos en lo más hondo, una confianza enorme en el triunfo de la justi¬ 
cia. Sin embargo, un año y medio de democracia no nos ha dado aun, ni verdad ni 
justicia. 

¿Quién si no Ud., que ha asumido la reconstrucción de la institucionalidad 
democrática, puede y debe preservar la imparcialidad de la Justicia ? 

¿Quién si no Ud., puede garantizar el futuro de las instituciones actuando 
segim su competencia ? 

No venimos aquí, a que se juzgue a un culpable más o un culpable menos. 
Levantamos una voz, que no es séJo nuestra, una voz que pacificamente reclama la 
actuación libre y sin condicionamientos de la Justicia. Por eso estamos y estaremos 
en la calle, y en todos lados, como partícipes de esta lucha, como ciudadanas y 
como mujeres. 

La impunidad, cualquier forma de impunidad amenaza nuestro futuro, 
ataca nuestra dignidad. Los crímenes sin esclarecer y sin juzgar, vuelven a hacernos 
vivir la inseguridad que conocimos y enfrentamos. 

Sr. Legislador, la democracia es nuestra, y junto a quienes la defiendan, 
sepa Ud., que encontrarásiempre a la mujer uruguaya. 

MUJERES POR LA VIDA Y LA JUSTICIA 













III Congreso Uruguayo de Sexología 

“Los derechos sexuales 
inalienables de la mujer” 

Reproducimos aquí parte de la conferencia "La condición de la mujer en nuestra 
sociedad” qüe como presidenta de la Sociedad Uruguaya de Sexología, 
Elvira Lutz realizó como cierre del Congreso. Las letras no van a trasmitir toda 
la emoción que rodeó a esta conferencia, a Elvira misma, que como la mayoría 
de las mujeres cuando se vuelca entera por aquello que le parece importante, 
su inteligencia y su esfuerzo van siempre íntimamente unidos a lo efectivo, 

a la emoción. 

N el momento de culmi- 
nar el desarrollo de este 


evento, tenemos la sen¬ 
sación de que ha sido un indu¬ 
dable acierto haber elegido, co¬ 
mo eje temático del III Congreso 
Uruguayo de Sexología, el pro¬ 
blema de la condición de la mu¬ 
jer en nuestra sociedad. 

Pensamos que hemos contri¬ 
buido, de esta manera, a hacer 
visible la compleja problemática 
que vive la mujer latinoamerica¬ 
na en todos los aspectos pero, 
más específicamente, y sobre to¬ 
do, a nivel de su sexualidad”. 
...”La mujer nunca vivió su se¬ 
xualidad como propiamente su¬ 
ya, nunca la vivió por sí y para sí, 
sino que siempre la ejerció por 
interpósita persona, o para el 
hombre a quien gratificaba o 
para el hijo a quien daba la vida. 

“Así no es de extrañar que 
tengamos que esperar a la se¬ 
gunda mitad del siglo XX para 
que pueda aparecer la reivindi¬ 
cación del placer sexual como un 
derecho también de la mqjer, 
para que se pueda empezar a 
hablar, aunque sea tímidamen¬ 
te, de “los derechos sexuales 
inalienables de la mujer”. Dere¬ 
chos inalienables en sí, pero, de 
hecho, universalmente aliena¬ 
dos. 

”Lo cierto es que cuando la 
cultura descubre que existe una 
sexualidad femenina que ya no 
es posible seguir negando, lo ha¬ 
ce a regañadientes, aceptándola 
como una especie de privilegio 
del pequeño número de mujeres 
liberadas, de mujeres cultas, de 
mujeres que se empecinan en le¬ 
vantar la voz y en hacerse escu¬ 
char. 

éfTTOY la sexología científica 
XI ha demostrado, en las es¬ 
tadísticas y en el laboratorio, en 
forma irrefutable, que veinti¬ 
cinco siglos de educación purita¬ 
na han castrado sistemáticamen¬ 
te a las mujeres impidiéndoles 
que pudieran desarrollar la res¬ 
puesta sexual biológicamente 
equivalente a la del hombre para 
la que están potencialmente ca¬ 
pacitadas. 

“Y aparecen, entonces, las te¬ 
rapias sexuales como la gran so¬ 
lución para las recién descubier¬ 
tas "disfunciones sexuales feme¬ 
ninas”. Una solución elitista pa¬ 
ra una minoría escandalosa y 
reí vindicativa. Una solución a la 
medida del mundo superdesa- 
rrollado, una solución que se 
paga en dólares y que de poco le 
puede servir a la mqjer latino¬ 
americana, a la mq|er tercer- 
mundbta. 


Lo que no se ve o no se quiere 
ver cuando se encarga la solu¬ 
ción del problema a los especia- 
listas'y a los terapeutas, es que el 
problema sexual de las mujeres 
no es un problema individual, 
sino social; que no es un pro-- 
blema biológico o psico-biológi- 
co, sino que es un problema 
Ideológico; que no es un proble¬ 
ma de salud o de enfermedad, 
sino que es un problema polí¬ 
tico. 

Como bien lo dice Concepción 
Fernández Cazalis: las concep¬ 
ciones teóricas y prácticas que 
pretenden fundamentar esta ac¬ 
ción salvadora suelen pasar por 


alto el hecho político objetivo de 
la opresión específica que pade¬ 
ce la mujer y están ideológica¬ 
mente impregnadas de la acep¬ 
tación de la supremacía del 
varón”. 

4é¥ O cierto es que las muje- 
Ai res deberíamos reaccio¬ 
nar denunciando este intento de 
curar lo que se debería prevenir. 
La llamada frigidez femenina no 
es una enfermedad; es el resulta¬ 
do de un estereotipo de mujer 
que sigue fabricando una socie¬ 
dad represiva a través de dos de 
los instrumentos utilizados siem¬ 
pre para oprimir y para discri¬ 
minar a las mujeres: 



'2. — la doble norma de moral 
sexual pára la educación de las 
chicas y de los varones. 

"Es verdád que años de lucha 
reivindicativa de los movimien¬ 
tos por la liberación de la mujer 
en el mundo entero y, en estos 
últimos años, en América Lati¬ 
na, han abierto nuevos ámbitos* 
de participación. No vamos a 
subestimar lo logrado en el cam¬ 
po educativo, laboral, Bocial, 
económico, político. 


Un Congreso diferente 


P ARA nosotras como gru¬ 
po de mujeres, como co¬ 
lectivo Editorial, el 3er. 
Congreso Uruguayo de Sexolo¬ 
gía, ha tenido particular signifi¬ 
cación por su temática, sus ca¬ 
racterísticas particulares y por la 
persona que lo concibió y lo llevó 
adelante. 

Y como consideramos que lo 
allí tratado es algo que nos com¬ 
pete y nos compromete a todas 
las mujeres, es que queremos 
compartir nuestras reflexiones. 
El aportar a una causa puede 
adquirir variadas y diversas for¬ 
mas, distintos campos de acción, 
diferentes metodologías y consi¬ 
deramos que organizar un Con¬ 
greso centrado en la sexualidad 
de la mujer, con las característi¬ 
cas que éste tuvo, es uno de esos 
aportes. 

Convertir un medio que tradi¬ 
cionalmente ha sido ámbito de 
reunión de estudiosos, científi¬ 
cos y entendidos en la materia, 
en un lugar de encuentro donde 
intercambiar la información y 
los resultados de las investiga¬ 
ciones con las vivencias, reflexio¬ 
nes y experiencias recabadas por 
los grupos de mujeres organiza¬ 
dos, ha sido el trabajo que nues¬ 
tra compañera Elvira Lutz llevó 
adelante con grandes esfuerzos y 
enfrentando múltiples dificulta¬ 
des. Reconocemos en su empeño 
la búsqueda de vincular la teoría 
con la práctica, lo abstracto con 
lo concreto, lo formal con lo in¬ 
formal, el comenzar a hacer rea¬ 
lidad determinadas propuestas 
de acción. "Hacer visible la 
compleja problemática que vive 


la mujer latinoamericana en to¬ 
dos los aspectos pero, más espe¬ 
cíficamente y sobre todo, a nivel 
de su sexualidad”. 

Aparentemente, debería resul¬ 
tar obvio que si ha de hablarse 
de la sexualidad femenina, las 
mujeres tuviéramos que estar 
presentes y opinar acerca de lo 
que sentimos, de nuestros pro¬ 
blemas, de nuestros miedos, de 
nuestros deseos, y participar de 
las reflexiones en tanto sujetos 
de cambio y no como meros ob¬ 
jetos de estudio. 

Pero la historia nos demuestra 
lo contrario y son varias y reite¬ 
radas las instancias en las que se 
nos ha ignorado, en las que se ha 
hablado por nosotras, diciéndo- 
nos siempre qué, cómo, cuánto y 
cuándo debemos sentir, ya sea 
en función de las creencias y las 
“buénas costumbres”, o de 
acuerdo al resultado de las in¬ 
vestigaciones de último mo¬ 
mento. 

L OS modelos se nos han 
aplicado y se nos impo¬ 
nen como una moda, se 
pasa de la exhaltación de la pu¬ 
reza y de la pasividad a reivindi¬ 
car el derecho al orgasmo. Se 
mide nuestro placer en función 
del placer masculino y se eva¬ 
lúan los hallazgos tomando co¬ 
mo punto de referencia la sexua¬ 
lidad masculina, como un mode¬ 
lo al cuál aspirar. 

Por eso es hora que tomemos 
la palabra y expresemos cuáles 
realmente son nuestra opinio¬ 
nes. Evitar la imposición de mo¬ 
delos elaborados en realidades 
que se distancian mucho de ser 


las nuestras, y denunciarlos, re¬ 
chazar la simplificación de con¬ 
vertir nuestra sexualidad en un 
mero hecho técnico o terapéuti¬ 
co. Asumir que el problema se¬ 
xual de la mujer no es un proble¬ 
ma individual sino social, un 
problema político, resultado de 
siglos de opresión de una ideolo¬ 
gía machista que pretende por 
todos los medios mantener el po¬ 
der de la dominación. 


E : 


i STE Congreso ha sido una 
instancia en la que se ha¬ 
bló de nuestra sexuali¬ 
dad, de la sexualidad durante el 
embarazo, de la violencia, del 
adulterio, y se habló con noso¬ 
tras. con las protagonistas, con 
las que experimentamos “en 
carne propia” las consecuencias 
de un aborto, la superación de 
una extirpación de senos, el lle¬ 
gar a la tercera edad, o las muti¬ 
laciones de una educación repre¬ 
siva que nos ha inculcado la 
"frigidez” como si fuera un ca¬ 
racterística femenina, las que 
debemos enfrentar el juicio so¬ 
cial. 

"El poder femenino será una 
realidad cuando las mujeres no 
sólo nos concienticemos, sino 
cuando nos unamos y nos orga¬ 
nicemos como movimiento, 
cuando hayamos subvertido la 1 
competencia en solidaridad”^). 

Y este es un camino, que de¬ 
bemos comenzar a transitar to¬ 
das juntas. 

LA. 

(*) Extractado de la ponencia 
presentada sobre “La condición de 
la mujer’*, por E. Lutz en dicho 
Congreso. 


sexual sigue haciendo de la mu¬ 
jer una persona de segunda, 
siempre en lamentable depen¬ 
dencia de algún’hombre”. 

4 ítp N m\ condición personal 
Xj de Presidenta de la So¬ 
ciedad Uruguaya de Sexología, 
pero también en cuanto multan¬ 
te comprometida con las lucha») 
contra la discriminación de |v 
mqjer, me negaba a propk •' J 
evento en que se hablara, por 
enésima vez, sólo académica¬ 
mente, de la sexuaUdad de la 
mqjer y de la sexualidad de la 
mqjer Joven. 

Nos importaba, y mucho, sa¬ 
ber lo que piensan los investiga¬ 
dores, los sexólogos, los terapeu¬ 
tas, los médicos, los psicólogos y 
hasta los sacerdotes. Pero nos 
Interesaba saber, sobre todo, 
qué piensan sobre la sexualidad 
de las mqjeres las propias nume¬ 
res. Nos importaba saber qué 
piensan las mujeres que han 
despertado, que se han unido y 
se han organizado y que se han 
decidido a cambiar, militante¬ 
mente, el signo de su influjo 
ideológico y educativo”. \ 

..."No creemos en el cono*. ' 
miento científico por sí mismo y 
menos aún en el conocimiento 
científico como instrumento de 
crecimiento más o menos ego¬ 
céntrico del status profesional o 
académico. 

"Creemos que el conocimien¬ 
to es y debe ser uno de los mejo¬ 
res Instrumentos para los cam¬ 
bios profundos, a nivel personal 
y a nivel social. 

"Alguien que sabía de estas 
cosas dijo alguna vez que los so¬ 
ciólogos se habían dedicado, 
hasta ese momento, a investigar 
la realidad social tal-cual-era, 
pero que había llegado la hora 
de dedicarse a cambiarla revolu¬ 
cionariamente. 

"Nosotros creemos, también, 
que ha llegado la hora de que la 
Sexología Científica en el Tercer 
Mundo deje de ser un regodeo 
académico no comprometido 
ideológicamente, y se dedique, 
en forma militante, a cambiar 
revolucionariamente “la condi¬ 
ción de la mujer en nuestra so¬ 
ciedad”. 

"Y lo expresamos claramente, 
para que no queden dudas: sólo 
nos Interna la sexología científi¬ 
ca que posibilite este cambio. 

"Muchas gracias”. 




\UJSR 

I ^ 

Tele se ríes 



Las vidrieras de 



E N la televisión, especial¬ 
mente en los países so¬ 
metidos a un sistema 
competitivo que se rigen por la 
ley de la ganancia y por lo tanto 
por la combinación de la canti¬ 
dad y poder de los avisadores 
con la captación de audiencia 
(“ranking”). el tema de los “mo¬ 
delos” propuestos es algo más 
complejo que el manejado co¬ 
múnmente entre nuestros inte¬ 
lectuales como la perpetuación 
de clichés, la penetración y de¬ 
formación cultural, la sugeren¬ 
cia de conformismo. 

Todo esto existe, claro está, y 
cómo no seria así. siendo los paí¬ 
ses industrializados, empeñados 
en perpetuar o al menos exten¬ 
der al máximo la situación mun¬ 
dial que los favorece, quienes 
producen mayoritariamente las 
seriales y películas que se consu¬ 
men aquí y en otros territorios 
^de Latinoamérica. Pero al inte¬ 
rior d^esos mismos países hege- 
mónicos, la situación dista de ser 
un lago coagulado; por el con¬ 
trario, existen movimientos de 
opinión, cambios culturales, di¬ 
versos sectores cuyo peso en las 
tendencias colectivas va cam¬ 
biando, aunque sea parcialmen¬ 
te las actitudes, y por lo tanto 
también las preferencias cultu¬ 
rales de variados estratos de la 
población. 

Así, si bien el complicado sis¬ 
tema de publicidad de estos paí¬ 
ses, especialmente los Estados 
Unidos, tiene una enorme capa¬ 
cidad de influencia sobre la opi¬ 
nión pública, la necesidad de 
competir por medio de “ran- 
:íVrings” mayores con otras cade¬ 
nas hace que cada entidad pro¬ 
ductora de televisión deba estar 
a su vez pendiente de los cam¬ 
bios de actitud y preferencias de 
esa misma manipulada opinión. 
Se establece así un sistema de 
vasos comunicantes, un toma y 
daca entre productores y consu¬ 


midores que van dejando su sello 
en lo que se elabora. No se trata 
de un proceso claro, ni mucho 
menos rectilíneo: la televisión, el 
gran medio de conformación de 
opiniones y penetración cultural, 
no renuncia fácilmente al come¬ 
tido que le es esencial mientras 
esté ligado como está a las fuen¬ 
tes del poder económico. Recoge 
las apetencias de cambio, pero 
mientras le es posible, aduftera, 
disfraza, trabaja con lo sublimi- 
nal. se viste de progresismo para 
contrabandear —y no siempre 
sutilmente— sus valores de 
siempre. 

E N pocos temas como el de 
la imagen de la mujer es¬ 
ta relación se manifiesta 
más claramente. Existen actual¬ 
mente varias seriales donde las 
mujeres resultan protagonistas: 
El espía v la dama, Cagney y 
Lacey, Reportera del crimen , y 
dos miniseries: Tres amigas, Pe¬ 
cados, inspiradas en figuras fe¬ 
meninas. Dejaremos de lado las 
seriales estables, por ser el cam¬ 
bio de protagonista un pretexto 
para ilustrar los mismos temas y 
valores de las repetidas seriales 
norteamericanas, policiales en 
general, y nos ocuparemos de las 
miniseries, realizaciones más 
ambiciosas tanto por la temática 
como por la producción, y con¬ 
secuentemente. por los horarios 
preferenciales que ocupan y la 
publicidad que las acompaña. 

En ambas seriales, se parte de 
lo no-convencional para llegar al 
final a lo más convencional en la 
materia. Tres amigas, una amis¬ 
tad juvenil y una actitud icono¬ 
clasta ante los tabúes sociales 
determina que tres compañeras 
de estudio se hagan cargo de la 
hija de una de ellas, a la cual 
posteriormente abandonan. La 
búsqueda de ésta de sus tres su¬ 
puestas madres, para vengarse 
de ellas será el meollo del asun¬ 



to. En Pecados, una mujer que 
en su pubertad fue violada por 
los nazis, además de asistir a la 
tortura y muerte de su madre y 
al secuestro de sus hermanos, no 
ceja en sus intentos de volverse 
poderosa para vengarse de estas 
barbaridades. 

En ambas series, la venganza, 
justificada de antemano, es el 
acicate para que las ultrajadas 
no vacilen en saltar cualquier es¬ 
collo, vencer cualquier escúpulo, 
y afirmarse según los cánones 
más antiguos y pervertidos: son 
rameras de lujo, modelos de por¬ 
nografía. chantajistas. Las mu¬ 
jeres presentadas como “libres” 
y “fuertes”, no recurren a nin¬ 
guna forma de la solidaridad, se 
afirman individualmente, a ex¬ 
pensas de lo que sea y de quien 
sea, y especialmente, a expensas 
de ellas mismas como seres so¬ 
ciales capaces de establecer la¬ 
zos afectivos libres y plenos. 

C OMO complemento, estas 
protagonistas transitan 
por los escenarios del po¬ 
der y el lujo con un placer que se 
contrapone a las supuestas de¬ 
nuncias. y sirve de paso de esca¬ 
parate de esos “mundos dora¬ 
dos”. que desafían al espectador 
al proponerle un incentivo mos¬ 
trando sus vetas más agresivas y 
corruptas y, sin embargo, seduc¬ 
toras. Como si el actual capita¬ 
lismo transnacional que no vaci¬ 
la en invadir países v financiar 
mercenarios, gozara en hacer 
guiños diciendo: “Soy una basu¬ 
ra, ven. pero miren qué delicioso 
es el poder, y qué impune". 

Las figuras femeninas que 
acompañan este strep-tease de 
estilos, son acordes con él: el 
precio de la libertad y la inde¬ 
pendencia pasa por la prostitu¬ 
ción. cantan. La que no quiere 
correr estos riesgos, pues a que¬ 
darse en casa y hacer calceta. 

Rosalba ü\andabarat 


ESTO NO ES UN CUENTO DE HADAS 

¿Quépasa si un día 
a Caperucita se la come el lobo 
y a la Cenicienta no le entra el zapatito 
y a Blancanieves la envenenan con una manzana 
y no se despierta más.,. ? 

¿ Qué pasa ? 

¿Quépasa si se acaban los cuentos de hadas 
y nos empiezan a contar . 
que acá no existen ni capas 
ni coronas de oro 
ni tronos 

ni abuelas con pastelitos 
ni varitas mágicas 
ni caperucitas con flores, 

y que los vestidos de seda son para tres o cuatro 
y los zapatitos de cristal también ? 

Y nos empiezan a contar 
—o mejor dicho — 
nos damos cuenta 
de que sí 
que el lobo existe 

y que es verdad que tiene una boca bastante grane e 


Esto no es un cuento de hadas 


o lo suficiente 
como para comernos 
V que también es verdad 
que el lobo 

usa zapatitos de cristal 
y vestidos de seda. 


María Ucedo 

5to. año Inst. Manuel Dorrego 
14-2-85 

Buenos Aires, Argentina 
Del libro de María Luisa Lerer, Mitos, 
realidades v el sentido de ser mqjer. María 
Luisa cuenta que este poema lo encontró 
en un Boletín estudiantil de fin de año del 
liceo de su hijo, su autora tenía en ese mo¬ 
mento 15 años. 


NACÍ MUJER 

Decidieron qué iban a hacer conmigo 
Sería una buena niña 
una educada adolescente 
la mejor mujer 

Me dieron cuerda como a un juguete 
Me señalaron el camino 
Me dijeron que contestara 
¡sí, señor!;no, señor! 

Se agradecida 

No te vuelvas si te chistan 

Me regalaron los diez mandamientos 

Muy agradecida estoy 

por sus buenas intenciones 

pero no me enseñaron a pensar 

por mí misma. 


Hoy he vuelto a nacer 
renací mujer ¡grande! 

Yo decido yo quiero 
Yo pienso 

He sacado la cuerda de mi cuerpo 
Ya soy libre Mujer? 


Marta OuUano 

Integrante del grupo de mujeres de 
Paso Carrasco “María Abella" 





Cuentos que nos contaron 
(y nos cuentan) 


A Mana Luisa Lerer la conocimos en el III Congreso 
Uruguayo de Sexología no sólo como psicólogo , 
docente universitaria, presidenta honoraria de la 
Asociación Argentina de Sexualidad Humana y 
fundadora de Lugar de Mujer ”, sino como mujer, 
suave , solidaria , profunda. e íntimamente 
comprometida con el feminismo argentino 
y latinoamericano. 


f fT"XURANTE muchos años 
| J nos educaron contán¬ 
donos cuentos acerca 
de mujeres que dormían un lar¬ 
go sueño hasta que un varón, 
príncipe y valiente, llegaba; se 
acercaba, nos veía “hermosas”, 
nos tocaba con su varita mágica 
y sólo entonces nosotras, muje¬ 
res, comenzábamos a vivir...”. 

“Durante siglos nos creimos 
todos esos cuentos en los cuales 
el varón nos daba vida, alegría, 
placer, conocimiento de nuestro 
cuerpo...”. 

“Por eso lucho para derribar 
mitos: hacernos personas com¬ 
pletas y que no sigamos creyen¬ 
do en los cuentos que nos con¬ 
taron y nos cuentan; para reco¬ 
rrer el camino junto a otros 
creando un mundo diferente, 
donde la paz, la igualdad, la jus¬ 


ticia y la solidaridad sean los va¬ 
lores fundantes para varones y 
mujeres que sabemos cuáles son 
los derechos humanos que nos 
corresponden” (de su libro “Se- 
sualidad Femenina. Mitos, reali¬ 
dades y el sentido de ser mu¬ 
jer”). 

UAL es tu opinión 
María Luisa , acerca 
de la participación 
de los grupos feministas y gru¬ 
pos de mujeres en este Congre- 
so? ¿ Qué te parece el que su te¬ 
ma central haya sido la condi¬ 
ción de la mujer? 

María Luisa: —Saben que a 
mí las cosas primero me pasan 
por los sentimientos y luego las 
conceptualizo. Todo esto me 
emociona pero no me sorprende, 
porque en este Congreso la pre¬ 


sidenta es una mujer, y una 
mujer que está trabajando con 
mujeres. 

Ya en el Congreso peruano 
nos habíamos hecho un lugar a 
puñetazos y a codazos, para ha¬ 
blar de nosotras y de lo que sen¬ 
timos. Porque allí nos discutían 
cómo sentíamos, cómo pensába¬ 
mos y dónde debíamos sentir 
placer. Hasta un médico nos en¬ 
frentó diciendo que “¿cómo las 
mujeres sentíamos en el clítoris? 
¿qué locura es esa?”. Y una bra¬ 
sileña se levantó y le preguntó: 
“¿Acaso Ud. tiene clítoris como 
para cuestionar lo que deci¬ 
mos?”. 

Por ello tengo la sensación de 
que, por un lado hemos avanza¬ 
do mucho, pero al mismo tiempo 
debo ser honesta y decir que fue 
como si nos dejaran avanzar. 

Nos dan permiso de irrumpir 
en determinadas estructuras, pe¬ 
ro si allí les tocás sus centros de 
poder, en seguida “saltan” los 
médicos, los psicólogos, los gine¬ 
cólogos y comienzan a encerrar¬ 
nos en sus discusiones. A partir 
de ese momento ya no se discute 
más sobre nosotras, sobre qué 
nos pasa como adolescentes, con 




nuestra genitalidad, con nuestra 
sexualidad, con nuestra culpa de 
sentir placer, con la dificultad de 
usar anticonceptivos y no porque 
no los tengamos (aunque en la 
Argentina no los tenemos) sino 
por la culpa de pensar que una 
se programa para sentir placer. 
Ya de esto no se habla. Comien¬ 
zan a discutir sobre si tal o cual 
anticonceptivo debe usarse o no, 
o si se ofendió a los médicos. 

Por lo tanto creo que este es 
un inmenso espacio pero en el 
que las mujeres aún no tenemos 
una voz, que sin enojarse, tierna¬ 
mente, pueda decir esto que yo 
te estoy diciendo y ser escucha¬ 
das. 

Debemos además estar siem¬ 
pre atentas, porque se nos esca¬ 
motea, como se nos escamoteó 


en varias oportunidades en este 
Congreso. Como se intentó esca¬ 
motear nuestra condición de 
mujer, el por qué somos ciuda¬ 
danas de segunda, por qué dicen 
los médicos cómo nosotras sen¬ 
timos. 


Creo que en este enorme espa¬ 
cio aún no sabemos cómo intro¬ 
ducirnos, nos da vergüenza, no 
tenemos la experiencia de "mi¬ 
llares de años” que tienen los 
varones de tener un discurso pú¬ 
blico, y además como somos ta i 
emotivas en general, cuando nos 
ponemos a hablar, nuestras 
emociones y nuestros cuerpos se 
juntan y a veces nos sale bien y 
otras veces no. 

Pero aún así tenemos que ha¬ 
blar y tomar nuestro lugar. ^ 


Derechos reproductivos de la mujer 



_ # I} 0 * QUE en el femi- 

Ó JT nismo el tema de la 
sexualidad de la mu¬ 
jer ocupa un lugar tan impor¬ 
tante? 


Celeste: —Abordar el tema de 
la sexualidad es muy amplio co¬ 
mo hemos venido escuchando en 
las intervenciones a lo largo del 
Congreso, pero nosotras enfati¬ 
zamos el concepto de sexualidad 
en lo que a identidad se refiere. 
La mujer, el hombre en realidad 
también, pero particularmente 
la mujer es condicionada a vivir 
una sexualidad en represión, en 
opresión. Desde que nacemos y 
atravesando nuestra niñez, nues¬ 
tra adolescencia y también nues¬ 
tra adultez hay toda una serie de 
mecanismos que se utilizan para 
reprimir el desarrollo de nuestra 
sexualidad, el desarrollo de 
nuestra identidad. Por eso pen¬ 
samos que es uno de los puntos 
claves. 

—¿ Qué experiencias tienen de 
trabajo en el tema de ¡a sexuali¬ 
dad con mujeres? 





De la capacitación a la acción 


En el Congreso de Sexología conversamos con 
Celeste Cambría , del Centro de la Mujer Peruana 
‘Flora Tristón ”, un ”centro feminista ' donde se 
hace capacitación , investigación y se prestan servicios 
por y para las mujeres. Son diversos los campos de 
trabajo que ellas abarcan: mujer y trabajo , derechos 
reproductivos , programa de información y 
cultura y programa legal. 


Celeste: —A partir de una de¬ 
manda de las mismas mujeres, 
de una necesidad de tener edu¬ 
cación y de tener información 
sobre planificación similar, deci¬ 
dimos trabajar con lo que ahora 
se está llamando derechos repro¬ 
ductivos de la mujer. Serían los 
derechos de la mujer a vivir una 
libre sexualidad, a tener infor¬ 
mación y acceso a anticoncepti¬ 
vos seguros, los derechos de la 
mujer en síntesis a poder ser 
dueña y decidir sobre su cuerpo 
y su vida. Dentro de los derechos 
reproductivos tomamos como 
punto particular la anticoncep¬ 
ción, enmarcada en la salud de 
la mujer. 

Estamos haciendo una serie 
de cursos. El que hemos dado en 
verano y que repetimos ahora se 
llama “Salud y Mujer”, Curso 1, 
pensamos hacer un curso 2, en el 
cual abordaremos la política de 
salud, cómo la mujer es conside¬ 
rada en la política de salud en el 
Perú, el rol que se le asigna 
como dadora de salud, sin posi¬ 


bilidades de decidir a pesar de 
que cumple un rol básico dentro 
de lo que es la atención primaria 
de la salud en los programas del 
Perú. También abordamos el 
proceso de identidad, pasando 
por lo qué es socialización, se¬ 
xualidad propiamente dicha y 
maternidad. Abordamos tam¬ 
bién como uno de los temas, la 
anticoncepción y el aborto, para 
terminar con un análisis de la 
política de población y cómo en 
ella también las mujeres somos 
unas de las ausentes al plantear¬ 
se quién decide respecto a estos 
derechos repoductivos de la mu¬ 
jer. 

El punto final de lds cursos es 
generalmente buscar alternati¬ 
vas y uno de los productos más 
importantes que hemos tenido 
en el verano ha sido que se orga¬ 
nizaran grupos, planteados por 
las mismas mujeres, entre ellos 
uno que se planteó luchar por la 
salud ginecológica y el acceso 
a los anticonceptivos por las mu¬ 
jeres. 


Trabajamos en los distritos 
marginales de Lima, en especial 
esta experiencia fue realizada en 
San Juan de Loregancho. Un 
grupo de mujeres habitantes de 
este distrito, entre las cuales ha¬ 
bía pobladoras, otras eran tra¬ 
bajadoras de las postas de salud 
(que es el centro de atención bᬠ
sico en estos distritos) y parteras 
empíricas, lograron que se aten¬ 
dieran seiscientas mujeres en un 
examen de la detección del cán¬ 
cer uterino, como paso previo a 
implementar una campaña en 
pro de anticonceptivos libres y 
seguros. Las mujeres lo lograron 
ejerciendo presión sobre el Esta¬ 
do. Hicieron la difusión de la 
campaña y se aseguraron de que 
en las postas en determinadas 
fechas, los médicos cumplieran 
con atender gratuitamente a es¬ 
tas mujeres y tuvieran el mate¬ 
rial que se necesitaba. El trabajo 
de las mujeres fue comprometer 
al personal médico de las postas 
y a la vez garantizar la convoca¬ 
toria de las mujeres. 

Para nosotras es un logro, y 
digo para nosotras porque acom¬ 
pañamos todo el proceso del 
grupo y porque es un poco el re¬ 
sultado de este planteo de capa¬ 
citación para la acción. No en¬ 
tendemos la capacitación en sí 
misma sino tienen detrás de ella 
una acción que la retroalimente. 
Con estas mujeres ahora esta¬ 


mos elaborando un curso sobre 
anticonceptivos que se va a im¬ 
plementar apenas regresemos de 
este Congreso. Esperamos que se 
puedan crear más grupos a 
partir de estos trabajos más 
específicos sobre anticoncepción, 
tomando como experiencia el de 
estas mismas pobladoras, de es¬ 
tas mismas compañeras de vida 
que han tenido esta experiencia 
tan exitosa y revalorizante pa* 
ellas. Esto creo que es una exp* ‘ 
rienda que te ejemplifica parte 
de lo que es la estrategia de 
“Flora Tristán” en lo que es el 
trabajo directo con las mujeres. 

Cotidiano Mujer es una publica¬ 
ción mensual del Colectivo Edito¬ 
rial Mujer. 

Directora Responsable: Elvira Lutz 
Colectivo de Redacción: Lilián 
Abracinskas. Brenda Bogliaccini. 
Lilián Celiberti. Elena Fonseca, 
Elvira Lutz 

Colaboradoras Permanentes: 

Anua María Coluzzi. Mirta Peggo, 
Ivonne Trías 

Colaboraron en este numero: 

Ana Magnabosco. 

Rosalba Oxandabarat. Mujeres del 
área rural lechera (San José). Mov. 
Paulina Luisi (Meló). 

Diseño: M a Laura Bulanti 
Diagramación: Brenda Bogliacini. 
Silvana González, Ivonne Trias. 
Diluios: Pilar González, Anahí M. 
Manovskv. Lala Severi Alejandra 
Torres 

Fotografía: Estela Pcri. Nancy 
Urrutia. 

Dirección: 

Jackson 12"’O \pto SS101 
Telét 4037(N 
Impresión: Petirossi Hilos. 

Cooper 222^. 

Depósito Legal 20l.b0 T 
Registro Carpeta n. % 85-4t>82 



MUJ£ft 




S I el campo, por su forma de 
explotación, por la carencia 
de servicios y por el destino 
urbano que toma la riqueza que se 
saca de su suelo, es altamente expul¬ 
sivo para sus hombres, lo es en mu¬ 
cho mayor medida para las mujeres. 

Basta sólo mirar algunas cifras del 
último Censo de Población y Vivien¬ 
da. En Cerro Largo hay 12 secciona¬ 
les, siete de las cuales son rurales y 
en las cinco restantes hay una parte 
rural y otra urbana. Analicemos es¬ 
tas reveladoras cifras: 


Rural 

(secc.) 

Mujeres 

Hombres 

I a 

1.131 

1.444 

2 a 

940 

1.258 

3 a 

1.296 

1.624 

4 a 

502 

664 

5 a 

1.664 

2.155 

6 a 

1.557 

1.851 

7 a 

691 

906 

8 a 

316 

566 

9 a 

695 

1.084 

10 a 

519 

816 

11 a 

658 

946 

12 a 

487 

672 


10.456 
Total 24.406 

13.950 




Se llama Raquel, tiene 3 ( ) años 
y dos hijos, es maestra rural. 


A las mujeres del campo 
el horizonte les queda pequeño 


Urbana 

Mujeres 

Hombres 

Meló 

22.417 

19.545 

Río Branco 

4.650 

4.385 

P. Noblía 

796 

759 

F. Muerto 

1.476 

1.437 

Tupambaé 

553 

482 


29.892 

26.608 


Total: 56.500 

TL/f UCHO se ha hablado de que 
^ A los jóvenes abandonan el cam¬ 
po, pero las mujeres, desde 
que apenas son adolescentes, se van 
en mayor cantidad. Son muchas las 
horas que la mujer del campo debe 
trabajar. Además de las domésticas 
se le agregan tareas como el acarreo 
y picado de leña, ordeñe, encierre de 
terneros, las compras en el almacén 



N este medio hay que preocu 
parse mucho más que en la 
ciudad, mucho más. Acá hay 
que empezar, primero, por saber si el 


niño desayunó ese día. Si hace mu 


cho frío, tenemos que fijarnos si esta 


moradito, si vino descalzo, si no tiene 


medias, y muchas veces, buscar de 


donde sacar un buzo, un par de me 


dias para abrigarlo, antes de empe 


zar a dar la clase 


Los niños que vienen acá son niños 


muy pobres, son del rancherío. Vie¬ 
nen muchos de ellos mal alimenta¬ 
dos. Y les digo que muchos vienen 
por el interés del comedor. No les 
miento. Si no hubiera comedor, 
quién sabe si vendrían. 

—¿Ouién decide la comida? 

— La decido yo pero de acuerdo 
con el dinero que tengo para los co¬ 
mestibles. Soy la ecónoma del come¬ 
dor y también la dietista. Además, 
tengo que estar atenta a todas sus ca¬ 
rencias. Los chiquilines vienen sin 


que generalmente implica una cabal¬ 
gata o una “pateada”, la huerta, el 
lavado de la ropa que se hace en la 
cachimba o en el arroyo cercano, ali¬ 
mentar a los “guachos” y a las galli¬ 
nas, el acarreo del agua hacia la 
casa, el planchado a carbón y en mu¬ 
chos casos “el lavar para afuera”, 
con lo que subvencionan el mengua¬ 
do sueldo de peón de su marido. 

Las jóvenes no quieren seguir el 
camino de sus madres y emigran ha¬ 
cia las ciudades engrosando la oferta 
de trabajo doméstico. 

Se ha urbanizado la forma de vivir, 
esos son los valores que se trasmiten 
desde los medios de comunicación, 
desde la escuela y de madres a hijas. 
¿Pero qué pasa con las mujeres de 


comer nada. Hay que empezar por 
hacerles leche en polvo. 

Hay 35 niños y somos dos maes¬ 
tras. El horario de clase es de 10 a 15 
horas. 

Te sientes apoyada en tu tra¬ 
bajo? 

En cuanto a ayuda técnica 
nada. Me siento sola y aislada. Tra¬ 
bajo con la ayuda de la Comisión de 
Fomento. 

Participan las madres? 

Participan, pero se sienten dis¬ 
minuidas. Cortadas, por su condi¬ 
ción de mujer de escasa cultura. 
Ellas vienen a una reunión en la es¬ 
cuela y yo tengo que sacarles las pa¬ 
labras con tirabuzón. No hablan. 
Contestan sí y no y ni siquiera miran 
de frente cuando se les habla. Se 
sienten un poco colaboradoras ayu¬ 
dando a hacer pasteles, algo para un 
beneficio. Pero son muy pocas las 
que dan la cara. Todas tratan de 
quedarse en casa, evitan venir a la 
escuela. Les cuesta mucho agrupar¬ 
se, son tímidas. No es que sean des¬ 
conformes o que estén disgustadas 
por algo, es que son tímidas, tienen 
vergüenza de hablar. 


MUJ5K 




los sectores de mayores recursos? 
También emigran hacia plantas ur¬ 
banas buscando mejores expectati¬ 
vas educativas para sus hijos, desa¬ 
rraigándose definitivamente, ellas y 
sus hijas. 

E STA es una de las realidades 
del interior y del medio rural, 
que no sólo sostenemos quie¬ 
nes nos sentimos comprometidas y 
pensamos que ésta ha sido una op¬ 
ción política que el país y su gente ha 
tomado y que mediante otra opción 
podría ser diferente, sino que lo sos¬ 
tienen esas reveladoras cifras que 
singularmente se presentan a la 
población en forma global, ocultan¬ 
do la situación que nos toca vivir a 
la mitad de la población que somos 
las mujeres. 

Mov. Paulina Luisi, Meló 



Yo las visito mucho, y cuando una 
va a la casa de ellas, la reciben con 
amabilidad, son acogedoras, logro 
más comunicación. Parece que cuan¬ 
do están agrupadas unas sienten ver¬ 
güenza de las otras. 

En cuanto a la salud, van a Santa 
Clara. Se proyectó una vez una poli¬ 
clínica en Paso Pereyra pero no se 
concretó. 

Los partos se atienden con doña 
Adoración que tiene 98 años. 

—¿Cómo te arreglas con la tarea 
de la casa? 

—Son dos trabajos distintos. Mi 
trabajo de maestra me gusta de alma 
y el trabajo de la casa es una obliga¬ 
ción. Yo les mentiría si les digo que 
me encanta estar cocinando y fre¬ 
gando. Hay algunas cosas que resul¬ 
tan más agradables... pero si no las 
hacemos nosotras quién las va a 
hacer? 

—¿Tienes alguna recreación? 

—Voy a Meló una vez al mes, pero 
llena de vueltas y encargues. Hoy 
pensábamos ir a una fiesta a Paso 
Pereyra, pero no creo que salgamos, 
¡con este día! Hay un beneficio en la 
escuela 38, criolla y pencas. No, re¬ 
creación prácticamente no tengo. Es¬ 
toy para la escuela y para la casa y 
algún viaje a Meló apurado y nada 
más. 



El Grupo de Mujeres del 
Area Rural Lechera de recien¬ 
te constitución, organizó) el 
ler. Encuentro de Mujeres Le¬ 
cheras realizado dentro del 
marco de la ' Fiesta de la Le¬ 
che* en San José. Cotidiano 
Mujer se ocupó de este aconte¬ 
cimiento en su momento, tra¬ 
duciendo el asombro, la ale¬ 
gría, los planes que surgieron 
al reconocerse una identidad 
común como trabajadoras ru¬ 
rales, y una condición común 
como mujeres. 


hablemos de las condiciones de la vi¬ 
vienda y del trabajo. 

Sabemos también que esta realidad 
no es patrimonio exclusivo nuestro, 
creemos así que se ve agravada por lo 
difícil que resulta organizarse para 
enfrentarla; conspiran para ello, la 
distancia, un trabajo individualista y 
absorbente entre otras cosas. 

No puede pedirse a nadie que por 
trabajar la tierra, por sentir esa tie¬ 
rra como parte de nosotros mismos, 
por trabajarla para nosotros pero 
también para el país, en un país 
donde cada vez menos personas 
quieren hacerlo, se les “compense” 
con carencias que impiden el desa¬ 
rrollo. Dentro de ese contexto, la 


D E qué hablar con otras muje¬ 
res del área rural? Esta pre¬ 
gunta se incluyó en una encuesta 
que recorrió todos los departamentos 
donde hay explotación lechera. En 
ella recogimos un variadísimo y muy 
rico material, del que extrajimos esta 


mujer es tal vez la que queda más 
atrapada por esta situación ya que 
por formación y educación su vida se 
desarrolla entre los trabajos del ho¬ 
gar y las tareas del establecimiento, 
lo que levanta en torno a sí una mu¬ 
ralla construida de rutina y de ais¬ 
lamiento. 


respuesta: 

¿De qué hablar? De la orfandad de 
la familia rural. 

Debe haber pocas palabras que 
provoquen mayor remoción interior 
que la palabra “huérfano”, ella está 
cargada de soledad, de aislamiento, 
de abandono; cuando, como aquí, se 
alude a “la familia”, nos atrevería¬ 
mos a asegurar que también se refie¬ 
re a un vasto sector de nuestro cam¬ 
po que afecta a quienes menos posi¬ 
bilidades de solución tienen, y es más 
removedor aún. 

Se les deja huérfanos de educa¬ 
ción, de cultura, de comunicación, 
de asistencia médica... por mencio¬ 
nar las carencias más groseras y no 


Sin embargo, hay quienes en esta 
situación piensan por encima de sí 
mismas, en sus congéneres, sus igua¬ 
les, como es el caso de este grupo. 

Aquí no se habla de “mi situa¬ 
ción” o de “mi familia”, sino que se 
hace referencia a “la familia rural” 
con un pensamiento generoso y soli¬ 
dario. Tampoco esto es exclusividad 
de este sector, cosa que, pensamos, 
hace más compartible y provechoso 
este material. Creemos que esta res¬ 
puesta nos compromete a todas a ha¬ 
cer una reflexión seria y responsable. 

Grupo de Mujeres 
del Area Rural Lechera 
(San José} 
















Encuentros y reflexiones 


D IAS atrás tuvo lugar un En¬ 
cuentro del Consejo de Edu¬ 
cación de Adultos de Amé¬ 
rica Latina (CEAAL), en la ciudad de 
Tacuarembó. La pregunta de ¿qué 
tiene que ver la educación de adultos 
con la mujer?, es importante porque, 
siendo uno de los puntos polémicos 
del encuentro, nos ha permitido al¬ 
gunas reflexiones. 

“Nadie educa a nadie, nadie se edu 
ca a sí mismo; nos educamos en co¬ 
munidad”. Esta frase de P. Freire 
presidiendo el encuentro, resume va¬ 
rios conceptos claves de la educación 
popular. Considerada como práctica 
de libertad, esta educación se basa 
en que la liberación auténtica, que es 
“humanización en proceso”, no es 
un regalo, una cosa que puede depo¬ 
sitarse en las personas. Es acción y 
reflexión humana sobre el mundo 
para transformarlo. Y parte por eso 
del desarrollo de la conciencia crítica 
como principal fundamento educa¬ 
tivo. 

¿Cuándo somos educadoras? 

De estos conceptos generales, po¬ 
dría deducirse que fue natural y sen¬ 
cilla la incorporación al debate de los 
temas específicos de la mujer, como 
educadora no formal, como recep¬ 
tora de mensajes educativos, en fin, 
como persona. Sin embargo, no fue 
así. 

Los talleres sobre Desarrollo comu¬ 
nitario rural, comunitario urbano, 
Cooperativismo y Juventud tocaron 
el tema desde el punto de vista de la 
participación numérica de la mujer 
en las actividades comunes. Pero no 
hubo mención ni reconocimiento de 
las trabas particulares que ella tiene 
para desarrollar su labor educativa 
trasmitiendo contenidos liberadores. 

El taller Mujer en el que partici¬ 
pamos, tuvo como objetivo la revalo¬ 
rización de la acción educativa de la 
mujer a través de sus prácticas coti¬ 
dianas. 

Nos parece destacable el clima en 
que se desarrolló el trabajo en este 
grupo integrado exclusivamente por 
mujeres: un diálogo continuo y vivaz 
donde las opiniones de todas las par¬ 
ticipantes eran propuestas siempre 
válidas en discusión, es una forma de 
trabajo propia de mujeres. Allí se lo¬ 



gró disolver toda distancia entre dis¬ 
tintas experiencias y profesiones, da¬ 
to que, según las pautas de educa¬ 
ción popular manejadas en el en¬ 
cuentro, constituye un logro impor¬ 
tante. 

Tratando de responder a la pre¬ 
gunta común del seminario: ¿Cómo 
y cuándo soy educador/a?, quedó de 
manifiesto en este taller la dificultad 
de visualizarnos como educadoras en 
un plano no formal, es decir, en 
nuestro quehacer cotidiano.. Por esa 
misma razón, una de las conclusio¬ 
nes a las que llegamos fue la nece¬ 
sidad impostergable de que ese rol 
fuera revalorado e incorporado como 
problema al desarrollo de la educa¬ 
ción popular. Sin esta revisión, la 
mujer como educadora seguirá tras¬ 
mitiendo cotidianamente contenidos 
que refuerzan su propia opresión. 

Una polémica necesaria 

El encuentro, organizado según el 
criterio de “seminarios paralelos” 
unificados en un plenario final, nos 
deparó la muy interesante experien¬ 
cia de presentar las conclusiones de 
nuestro taller ante una asamblea he¬ 
terogénea, tanto en su composición 
genérica como en su visualización del 
tema que expusimos. Como pregun¬ 
tamos al plenario por qué no se ha¬ 
bía inscripto ningún hombre en el 
taller “Mujer”, hubo una reacción 
de sorpresa y risa que allanó el cami¬ 


no a la necesaria polémica. Exten¬ 
dida a los descansos y comidas, la 
discusión giró en torno a la validez 
de haber incluido en ese encuentro, 
un taller sobre el tema Mujer. 

Es decir, que si bien el enfoque ge¬ 
neral del seminario sorteó algunas 
lagunas conceptuales frecuentes en 
materia de educación de adultos, no 
se incorporó en el conjunto de parti¬ 
cipantes una perspectiva de género, 
ni la necesidad ineludible de elimi¬ 
nar las jerarquías sexuales. En ese 
marco, saludamos la polémica ini¬ 
ciada como un paso de acercamiento 
entre posiciones criticas de la edu¬ 
cación popular y la lucha de las mu¬ 
jeres por su inserción también crítica 
y creativa, en la sociedad. La acumu¬ 
lación de estas reflexiones apenas 
iniciadas colectivamente permitirán 
en próximos encuentros profundizar 
esta relación que no resulta tan sen¬ 
cilla. 

“La existencia, en tanto humana, 
no puede ser muda, silenciosa, ni 
tampoco nutrirse de falsas palabras 
sino de palabras verdaderas con las 
cuales transformar el mundo (...) 

(...) más, si decir la palabra verda¬ 
dera es transformar el mundo, decir¬ 
la no es privilegio de algunos, sino el 
derecho de todos” (P.F.) 

Entonces, ¿cómo omitir en un en¬ 
cuentro sobre educación popular, la 
búsqueda específica de la mujer, en 
pos de su propia palabra silenciada? 

& 



Una experiencia enriquecedora 

para todas 


E STE Boletín de la Mujer del Interior , del 
área rural y urbana va a salir cada dos 
meses. La idea surgió en encuentros con 
las mujeres del Area Rural Lechera de San 
José. Ellas nos transmitieron —con mucho ca¬ 
riño y hermandad— cómo Cotidiano Mujer no 
llegaba a ser totalmente lo que ellas necesita¬ 
ban como prensa de la mujer para el interior. 
Nosotras les explicamos que Cotidiano era es¬ 
crito en Montevideo, y que aunque alguna de 
nosotras hubiera vivido muchos años de su vida 
en el interior, ahora todas estábamos en la 
capital. 

Para escribir de la vida, de los problemas, 
de las esperanzas de la mujer del interior, era 
necesario serlo. 

Ya teníamos una profunda y rica relación 
con las mujeres del Movimiento Paulina Luisi 
de Meló, los aportes permanentes de ellas, el 
entusiasmo en la venta de Cotidiano , nos hicie¬ 
ron pensar que contábamos con ellas en cual¬ 


quier iniciativa que apoyara la labor de las mu¬ 
jeres del Interior. 

Es así que les propusimos a las mujeres de 
San José la idea de un Boletín hecho por mu¬ 
jeres del interior. Hoy estaban ellas y las Pauli¬ 
nas de Meló. Mañana podían estar también las 
de los otros departamentos. 

Les contamos que quiemes hoy escribimos 
en Cotidiano Mujer no somos periodistas profe¬ 
sionales , pero que para poder escribir de nues¬ 
tros problemas como mujeres bastaba serlo y 
compartirlo con otras mujeres. Ellas se entu¬ 
siasmaron y se pusieron a escribir. 

Les dijimos y les decimos que pueden con¬ 
tar con el Colectivo de Redacción para todo 
aquello que sea necesario. Desde ya sabemos 
que va a ser una experiencia enriquecedora pa¬ 
ra nosotras compartir este trabajo entre muje¬ 
res del Ir eriory de Montevideo. 

Este s el primer ensayo. Ustedes tienen la 
palabra.